jueves, 29 de octubre de 2020

No me gusta la política pero me la aguanto

Antes que todo, me gustaría comenzar este relato diciendo que mi relación con la política es casi nula. Puede que hasta me consideré a mí misma como apolítica. No me interesa realmente y jamás me ha interesado. No me considero de derecha, izquierda, centro, etc. Ni siquiera conozco los partidos políticos que existen en el país. Soy de las personas que no va a votar. Sé que es reprochable, mis padres y hermana mayor me lo dicen todo el tiempo, pero simplemente no me interesa. La razón por la que creo que esto es así es porque crecí en una población militar y dentro de una familia muy Pinochetista. Estos siempre fueron temas muy delicados y se tocaban muy poco en el día a día. Además, estuve en toda mi enseñanza media en un colegio católico, en donde el tema de la política tampoco era muy tocado. Jamás recibí enseñanzas sobre estos temas, ni en la casa ni en el colegio. Crecí sin saber muchas cosas sobre estos temas y odiando la historia de Chile porque me parecía la cosa más aburrida del mundo. 

A pesar de todo lo anterior, puedo identificar actos políticos en mi niñez que, en mi mente de niña inocente, no los asocie como tal. Puedo recordar que un vecino mío punk y amigo de mi hermana mayor fue golpeado con cadenas por un grupo de neonazis por ser punk e hijo de militar. No tiene mucho sentido para mí, pero fue así. También recuerdo a la misma hermana, que es seis años mayor que yo, ir a marchas el 2006 y 2011. Yo no tenía idea de qué eran esas marchas ni para qué. Sólo sabía que mi hermana iba a protestar a las plazas del centro de Santiago, llegaba toda mojada por el guanaco y mis papás se enojaban un poco con ella. Recuerdo cuando me cambié de casa a La Florida (vivía en San Bernardo) y, por ende, de colegio, en donde mis compañeros quedaban un poco impactados y asustados al saber que era hija de un suboficial retirado del ejército. Incluso, me gustaba jugar con eso diciéndoles a mis compañeros que mi papá era pesado, sabía usar armas e incluso tenía una katana (aunque todas las cosas son verdad). Seguí ese juego incluso en la universidad, donde obtuve incluso más reacciones de sorpresa y miedo que en el colegio.

Son esos pequeños detalles en donde sé que está la política involucrada, y que para muchos su identificación es obvio, pero para mí no lo fue tanto. No me gusta relacionar las cosas de mi vida con la política. No me siento cómoda con ella.

A pesar de todo lo anterior, sé que la política es muy importante para el país y si tengo un estudiante, algún día, que esté interesado plenamente en la política, lo voy a apoyar con las herramientas que pueda y con todo el corazón.

Escrito por: Bárbara Cofré Arancibia

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